La Supremacía de la Noche

Tercera de las Duineser Elegien de Rainer Maria Rilke.

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Location: Lima, Peru

„Ich will keinen Autor mehr lesen, dem man anmerkt, er wollte ein Buch machen; sondern nur jene, deren Gedanken unversehens ein Buch werden.“ Nietzsche. Der Wanderer und sein Schatten.

Wednesday, February 21, 2007


IV. La Supremacía de la Noche.

- El despertar de la inocencia a una novedosa experiencia, Herr Rainer. No hallo otra conclusión.

El anciano, levantándose de su silla repuso en tono meditativo, a la vez severo:
- Perciba usted el fondo de los asuntos, Herr Luis, a partir de una lectura desapasionada y reléala desde el punto de vista de un poeta de posguerra y de traumas sucedidos. Cuando se canta a la amada, se la llena de elogios, de bondades desbordantes, ciegas y apasionadas, propias del Eros. Otra cosa es cantar a lo oculto: Ein anderes, web, jenen verborgenen schuldigen Fluss-Gott des Bluts. Al dios fluvial. El torrente sanguíneo de este joven posee toda la esencia del amor en el recuerdo y en la reflexión. Un adolescente va a experimentar nuevas sensaciones. Requiere estímulo. Ella, la compañera, lo reconoce desde lejos, lo intuye, porque sabe que su amado acaba de nacer a una experiencia nada ajena. Ella ha despertado primero. Ahora, aquel impulso subterráneo que lo doblega frente al primer estímulo, es el marco temático del poema en la persona de este muchacho.

Mi interlocutor tomó asiento. Con seria actitud de contemplación, esperaba de mi rostro una reacción a lo dicho. Mi silencio obligábame a pausar sin un argumento de respuesta, pues de esta forma me había introducido al tema de la Elegía en cuestión. La Tercera. Esperé respetuoso su intervención.

- ¿Cómo la vierte Talens en español?
- “Una cosa es cantar a la amada. Otra, ¡ay! A aquel escondido y culpable dios-río de la sangre”.
- La sensación lo lleva a experiencias novedosas, Herr Luis. El primer estímulo de eso que se aferrará como el tridente de Neptuno, O des Blutes Neptun, o sein furchtbarer Dreizack. Y esta dependencia, este aferrarse al primer objeto de amor lo atormentará de aquí en adelante. De aquí el vocativo.
- Entiendo. La condenación por apegarse hacia algo.
- Ja, Natürlich, aber... la condena se comprenderá como tal después. No se adelante usted. Aprender el desapego es la misión que pocos disciernen en la edad postrera. Pero note que esta muchacha lo busca, lo alivia en presencia y en soledad. Como si no existiese. La fantasía del adolescente invoca al Eros aún cuando ella no está.
- Y así alza su cabeza divina, llamando a la noche a un tumulto sin fin...
Aufrufend die Nacht zu unendlichem Aufruhr. Es ahora una suerte de dios que quiere vivir su propia experiencia. Y todo, absolutamente todo le es novedad íntima.
- Interesante, Herr Rainer. Es la experiencia de todo hombre. La raíz de sus primeras preocupaciones.
- Y sus primeros terrores, como veremos luego.

- Del rostro del joven, Herr Rainer, emana una luz estelar... ¿qué pudiera ser esta comparación?
- Le pregunta a las estrellas: Ihr Sterne, stammt nicht von euch des Liebenden Lust zu dem Antlitz seiner Geliebten? Hat er die innige Einsicht in ihr reines Gesigt nicht aus dem reinen Gestirn?
- “Ustedes, estrellas, ¿no surge en vosotras el gozo del amante al ver el rostro de su amada?” permítame un ajuste en la traducción a Talens que he ensayado: “¿No posee él la íntima visión de su rostro puro a partir de la pureza misma de los astros?”
- Gut. En esta parte de la vida, no podemos señalar un amor egoísta. Es puro, como la luz de las estrellas, que ven en este rostro su propio reflejo. No lo condena ninguna experiencia de lujuria ni desenfreno, porque es flor en capullo. Es la pureza de la primera sensación. Repare usted, Herr Luis en la palabra alemana Einsicht. Ihre Langenscheidts, bitte.

Como me era habitual, el señor Rainer ya tenía el pequeño diccionario de pasta azul sobre la mesa. Buscando en Einsicht: “vista/ conocimiento/ examen/ inteligencia/ examinar/...”

- Es una mirada de profundidad. La contemplación de un rostro puro reflejado en la pureza de las estrellas, que deviene discernimiento, un despertar a la razón. No existe, por tanto sensación de mácula en esta primera experiencia natural, vivida de su propio torrente sanguíneo. Pero ahora, dejemos los detalles para ir al fondo del asunto: las causas. Y veamos en el cuestionar sucesivo del poeta el planteamiento de las causas. Leamos interlineado, con apoyo de su traducción, Herr Luis. Du nicht hast ihm, web, nicht seine Mutter hat ihm die Bogen der Braun so zur Erwartung gespannt.
Bitte.
- “No fuiste tú, ay, ni fue su madre, quien tensó así el arco de sus cejas para la expectación...”
- Absuelta la madre de culpa, debemos reparar, entonces, en un acto individual del muchacho. Una nueva creación. Nicht an dir, ihn fühlendes Mädchen, an dir nicht bog seine Lippe sich zum fruchtbarern Ausdruck.
- “No fue por ti, muchacha, que lo sientes, no fue tu contacto lo que hizo que sus labios se curvasen en una expresión más fértil...”
Bog, “se arquearan”, para traducirla con precisión, como la amada, que en aquella noche se crucificó sobre los dos maderos curvados de mi beso...
Y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado/ Y que hay un viernesanto más dulce que ese beso...
- Sehr gut. Curiosa la similitud. Entonces, exculpamos también a la amada. Él es responsable de su propia sensación. Descubre por si mismo y acomoda su postura amatoria a su propio llamado. A sus voces propias. La leve aparición de la amada muchacha no lo pudo haber estremecido, aunque ella vague como la brisa mañanera, con todo su candor y deleite. Pero hay algo que no podemos negar: Zwar du erschrakst ihm das Herz; doch ältere Schreckenstürzten in bei dem berührenden Anstoss.
- “Cierto es que le aterrorizaste el corazón; pero otros miedos más antiguos se agolparon en él por el impulso del contacto”.
No alcanzo a comprender este verso oscuro, Herr Rainer.

- Habitan viejos terrores en el corazón y en el recuerdo de este muchachito. Él es dueño y señor de su propia madre, de quien se alimenta. No comparte este éxtasis con nadie, ni siquiera con su padre, un intruso: su primer rival. Pero es la madre quien desea retornarlo a su seno, a esa prisión que le dio forma durante meses, desde que tuvo conciencia propia, y a quien ve también con terror, cuando esta prolonga un cordón entre su carne, sus brazos y el mundo que se le abre paso con todos sus descubrimientos en soledad. Quiere entender el mundo a su manera. Sus terrores ceden al deleite y se refugian en este nuevo amor, intruso también, pero diferente: Ruf ihn... du rufst ihn nicht ganz aus dunkelem Umgang. Freilich, er will, er entspringt; erleichtert gewöhnt er sich in dein heimliches Herz und nimmt und beginnt sich. Aber began er sich je?
- “llámalo… Tu llamada no le hace salir desde oscuras galerías. Él, sin duda, lo quiere, se escapa; aliviado se familiariza con tu escondido corazón, y en él se asume y se inicia a sí mismo. Pero ¿se inició alguna vez?”
- Und nimmt und beginnt sich... se inicia a sí mismo. Éste es el mérito de la muchacha. Con él se inicia algo verdaderamente propio. Madura en su vivencia de Eros. Pero... ¿realmente se emancipó de la madre, de ese cordón que le extiende con cariño y con ese lenguaje que le sabe aún a leche entre los labios? Aber began er sich je? Ella lo empezó. Ella inclinó sobre sus inocentes ojos el mundo amigo, apartándolo del extraño. Ella se torna responsable de una fatalidad: Wo, ach, hin, sind die Jahre, da du ihm einfach mit der schlanken Gestalt wallendes Chaos vertratst?
- “Ay, ¿dónde se han ido los años, en que tú, con tu esbelta figura, le defendías del caos fluctuante?”
- Ella fue la primera en tranquilizar sus noches angustiantes. Le ocultó muchas cosas, evitándole traumas postreros. Le iluminó todo aquello que debía mostrarle. Aún el inofensivo cuarto, sospechoso por las noches, en las tinieblas. Desde su corazón pleno de refugio.
Repare en esta hermosa frase: aus deinem herzen voll Zuflucht mischtest du menschlichern Raum seinem Nacht-Raum hinzu.
- “Desde el inmenso refugio de tu corazón añadiste a tu espacio nocturno otro más humano”

- Había siempre una respuesta para toda mueca, toda expresión que ella leía en el rostro de su pequeño. Es el primer sentido de humanidad que le damos a los objetos. Queremos entenderlo así, porque así fueron los primeros relatos... hermosa la frase. Y el caudal del poema alcanza su belleza expresiva, cuando reflexiona así: Nicht in die Finsternis, nein, in dein näheres Dasein hast du das Nachtlicht gestellt, und es schien wie aus reundschaft. Nirgends ein Knistern, das du nicht lächelnd erklärtest, als wüsstest du Lángst, wann sich die Diele benimmt…
- “No en la tiniebla, no, sino en tu existencia mucho más cercana encendiste la lámpara de noche que brillaba como la luz amiga. Jamás un crujido que no explicases sonriendo, como si de antemano supieras cuándo se comporta así el zaguán”.
Entiendo por esto ese afán de protegerlo aún de cualquier ruido extraño...
- “Como se comporta el zaguán” es la correcta traducción. Nada hay que temer, bajo el calor y la sombra de la madre nocturna. El refugio de amor está asegurado para él. Su atenta y tierna vigilia, ese levantarse de noche consigue que él escuche en calma. Que interpretara en paz la evidencia caótica de experiencias extrañas. El poder de la interpretación. El nacimiento de las ideas. Pero, detrás del armario, en lo alto del abrigo, se refugia su destino de un modo misterioso: hinter den Schank trat hoch im Mantel sein Schicksal, und in die Falten des Vorhangs passte, die leicht sich verschob, seine unruhige Zukunft.
- “Detrás del armario, en lo alto del abrigo, se escondía su destino y se asentaba entre los pliegues de la cortina, desplazándose con suavidad, su porvenir inquieto”. Oscuro. Demasiado oscuro para mí, Herr Rainer.
- Porque lo desea, Herr Luis. Alumbremos: la luz materna no lo iluminó todo. Hay recuerdos de contemplación que quedaron en el misterio y regresan al ser invocados: imágenes misteriosas que nunca tuvieron la necesidad de un porqué. Imágenes que se sostienen en el poema: el destino, el porvenir, en cada pliegue de la cortina, por la manera cómo se acomodaba el dormitorio del recuerdo. Y para la madre será siempre un misterio el futuro de su hijo, porque no todo fue interpretado. Ella está limitada a su propia experiencia de hija. Se establece así la individualidad.
- Asombroso, Herr Rainer. Ahora lo entiendo. Alguna vez usted me señaló este afán humano de interpretación.

- Y el niño, adormitado, ahora la contempla. La asocia a las demás visiones, por debajo de sus párpados, aún soñoliento, disolviendo la dulzura de su leve silueta de madre. Durante esos anhelados momentos previos al sueño, casi en duermevela: schien ein Gehüteter... Aber innen: wer wehrte, hinderte innen in ihn die Fluten der Herkunft?
- “Parecía seguro…pero dentro, ¿quién le defendía? ¿Quién podría detener en su interior los torrentes del origen?” Le asalta la inseguridad otra vez. Nunca, entonces habrá una sensación de plena seguridad...
- Hasta aquí alcanza el poder protector de la madre. No es posible invadir el sueño de su hijo. Allá no llega. Ahora es víctima de sí mismo. Y las ideas, los pensamientos se suceden en la profundidad del sueño. Hay presencias oscuras y amenazadoras, que acosan al viajero como fieras salvajes en su propia selva selvaggia, en el pórtico de la desesperanza. No existen las explicaciones, sino las interpretaciones que devienen en complejas pesadillas y en postreros traumas. Los torrentes de su origen. En ese estado febril de sueño, se entregaba. Hay ahora fuerzas inconscientes conectadas con los antepasados, que le guiñan terroríficamente. Pero amaba. Liebte sein Inneres, seines Inneren Wildnis, diesen Urwald in ihm, auf dessen stummen Gestürztsein lichtgrün sein Herz stand. Liebte.
- “Amaba. Amaba su interioridad, su naturaleza salvaje, esa selva ancestral que había en él, sobre cuya muda caída se irguió su corazón en verde luminoso, su propio corazón. Amaba...”
- Y el adolescente no es ajeno a esto. Siempre lo ha sabido por sí mismo. Y por eso lo ama. Su primera razón. Y le sonríe con mas ternura que a la propia madre. La vida se encargará de aquilatar estas escenas de terror, tan suyas, tan amadas, que de alguna forma le explicarán el sentido de su vida: describirán y moldearán su conducta de juventud durante los años de madurez. Sigue las raíces, el origen poderoso, desciende hasta la sangre más antigua, al ancestro, como en una visión de Dante, donde las sombras le hacen guiños, le reconocen. Y él sonríe lo espantoso. Ja, das Entsetzliche lächelte... Selten hast du so zärtlich gelächelt, Mutter. Wie sollte er es nicht lieben, da es ihm lächelte. Vor dir hat ers geliebt, denn, da du ihn trugst schon, war es im Wasser gelöst, das den Keimenden leicht macht.
- “Si, le sonreía lo horrible… rara vez le has sonreído con tanta ternura, madre. ¿Cómo no iba a amarlo si le sonreía? Lo amó antes que a ti, porque cuando tu le llevabas en tu seno, estaba disuelto en el agua, la que hace más ligera a la semilla”.

El señor Rainer, de pie ahora, dirigió sus pasos y su mirada hacia el cielo de madrugada, por la ventana de vidrios enteros. Contemplando el infinito estrellado, dijo con voz imperativa:
- ¿Qué sabe ella, realmente de él? Ella, ¡que se sintió precursora en su vida! Poco o nada, quizá. Lo que su intuición le dicte, pero en realidad nada. Y es que el amor humano no se compara a la flor pasajera. El que ama, invoca por los brazos una savia inmemorial. No es, por tanto el amor hacia uno o hacia alguien por venir. Sino a una innumerable germinación de otros que vendrán. No al niño, a la semilla, sino a los ancestros que reposan como colosas montañas en el fondo de uno. Madres antiguas que yacen en el seco cauce de un torrente que fue. ¿Qué sabe ella, realmente de él? Todo, todo el paisaje silencioso bajo una fatalidad sombría o clara: dies kam dir, Mädchen, zuvor. ¿Qué sabe ella, realmente, de sus rivales?

Detrás de él, el tiempo de cera, nuestro indicador temporal, advertía una mortecina llama hacia sus últimos intentos de luz.
Extendiendo mi vista hacia el objeto de contemplación del señor Rainer, más allá de la silueta de una ciudad que estaba a punto de despertar, perdí mi mirada silencioso hacia un cielo lila que destacaba en el horizonte occidental los luceros y las constelaciones del amanecer. Adivinaba detrás de mí el naranja oro del este, la aparición solar, imposible de contemplarla desde el recinto donde nos hallábamos. Nuestra conversación se había extendido hacia el final de esa noche, cuyo inicio he olvidado. Sus palabras hacían alusión a la última estrofa de la Tercera Elegía que nos había convocado en Villa Filomena. Y creía, en este momento, que el señor Rainer las hacía suyas, por el tono fuerte y reclamatorio que le ponía a la traducción de cada verso. Repitió tres veces en alemán la frase dies kam dir, Mädchen, zuvor: “todo esto, muchacha se te anticipó”.

Como quien le habla a una estrella, dijo a continuación:
- ¿Qué sabes, tú, muchacha, tú misma? En tu amante intentaste conjurar su pasado, tan remoto. Se revolvieron sentimientos por seres desaparecidos. ¡Cuántas mujeres no te odiaron, allí! ¡Cuántos hombres sombríos has agitado en las venas de este adolescente, muchacha! Niños muertos quisieron verte, ir a tu encuentro. O leise, leise, tu ein liebes vor ihm, ein verläbliches Tagwerk, -führ ihn nah an den Garten heran, gib ihm der Nächte Übergewicht... verhalt ihn...
Rompiendo mi silencio, traduje de Talens:
- “Oh, suave, suave, proponle una amorosa y fiable tarea cotidiana, llévale hasta el jardín, dale la supremacía de la noche... Retenle...”
Hermosa conclusión, Herr Rainer.

- Es el encargo final, Herr Luis. Ella quiere tenerle siempre consigo en el calor de su seno. Él pertenece a su pasado y a sus interrogantes sin respuesta y se perderá en esa búsqueda como peregrino hacia su misión de asceta... pero se le indica a ella que haga de su paraíso el más dulce, el más tentador, como lo sugiere el sabio hebreo: bebe el agua de tu cisterna, los raudales de tus pozos. ¿Quieres derramar fuera tus manantiales, por las plazas públicas tus arroyos? Sean para ti solo y no para otros contigo. Bendita sea tu fuente y goza de la mujer de tu juventud; cierva carísima, gacela graciosa, que sus senos te embriaguen en todo tiempo y estés siempre prendado de tu amor. Proverbio 5, en Franquesa y Solé, Herr Luis. Depende ahora de su sabiduría el retenerle, el tenerle consigo. Algo que pocas logran.

El señor Rainer procedió a dirigirse hacia mí, invitándome a ver el infinito amanecer que experimentaba un gradual cambio de tonalidad.
- Cada relación romántica, Herr Luis, sigue el modelo del ancestro, de la madre durante la infancia, para ser exactos. Desarrolla y se hace complejo en el tiempo, anticipándose así a la primera muchacha que despierta en la adolescencia del aprendiz la primera necesidad erótica. La muchacha y la madre son rivales de esta forma. Así es como la amada presiente el pasado del joven y que alguna vez enfrentará a los difuntos ancestros que viven en su sangre o expectativas truncas como Tote Kinder wollte zu dir... “niños muertos que quieren ir hacia tí”. Ella ignora todo esto. Hace oídos sordos al consejo, a la exhortación de la voz vieja y sabia. Sabe ella que su inteligencia depende del sobrepeso, de la supremacía de la noche, gib ihm der Nächte Übergewicht... de ese paraíso que construirá en torno a él para retenerle... sólo para retenerle... Y de esto se fía.
¿No le parece, Herr Luis, hermosa esta noche que retiene a sus luceros antes de morir?

Asomándome por la ventana, me hice dueño de aquella contemplación. El cielo me dejaba ver constelaciones desconocidas. Inevitablemente, los colores del lila celestial se tornaban azulados y la gradual luz que venía del este dejaba ver la silueta de una caravana de nimbus hacia el horizonte marino. Retenle...! Quería de alguna forma retener lo imposible: retener la noche, las veladas con las Elegías del Duino, las madrugadas que no tenían porqué hacerse cortas. Pero, sin tomar en cuenta la duración de la charla con mi maestro, aprendí a dilucidar una vez mas la profundidad de exploración poética que Rainer María Rilke lograba en cada una de sus Elegías. Tenía que convocar a Ricardo, a Aníbal y a los demás amigos a una tertulia alrededor de esta experiencia, omitiendo desde luego a mi anfitrión, quien me pedía discreción y silencio con relación a nuestros encuentros misteriosos en Villa Filomena. Ni Manuel Olivares podía estar al tanto de muchas cosas que le alegrarían saber.

Mi presentimiento me advertía algo. Ya había transcurrido algún tiempo desde que el señor Rainer me había invitado a ver el amanecer. Había olvidado su pregunta. La noche se hacía espléndida mientras intentaba retener los últimos luceros en un tono, ahora azul. El silencio detrás de mí me hablaba de una silenciosa despedida. Esa fue su respuesta. Sonreí al darme cuenta que me hallaba con una velita apagada por falta de cera. Detrás de mí, dos sillas, una mesita y el silencio de una pulcra habitación de madera: el recinto del Herr Rainer.

Los primeros transeúntes de la mañana quizá no adivinen la razón de mi sonrisa y mis modos amables para con ellos. Siento, en mi deambular solitario y cansino, la alegría y la paz de vivir un nuevo amanecer sin la complicada respuesta de cómo intentar retener cuantas veces quisiera a un amigo como el señor Rainer.

Lima, 21 de febrero, 2007.

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